CUAL ES TU PROPOSITO?

EL PROPÓSITO DE DIOS EN MI VIDA

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Por Juan E. DíazSabemos que Dios tiene un propósito para cada uno de nosotros.  El mismo es que seamos inmensamente felices y salvos en el proceso.  Sucede que a algunas personas le resulta más fácil descubrir ese propósito que a otras.  Para otros, toma algún tiempo.  La mayoría de la gente piensa encontrar su propósito en algo que verdaderamente ama, en algo que le es natural. Pero, ¿qué pasa cuando las cosas no son tan claras?¿Qué pasa si no conocemos los dones que tenemos para esto? ¿Qué pasa si no tengo nada especial para lograrlo? No pasa nada, la mayoría de la gente vive así, existiendo en vez de vivir feliz.

Es en el amor de Jesús que se debe comenzar a mirar nuestro caminar.  En el amor de aquel que ofreció su vida misma por nosotros y que dio, en mandato directo, el mandamiento del amor.  ¿Acaso no descubrieron los discípulos su propósito en ese aceptar, escuchar y vivir “el amor”?.  Antes de ser seducidos por Jesús tenían sus profesiones y responsabilidades muy claras, pero ese amor dio un nuevo giro a sus vidas y con él, un propósito.

Ese crecimiento en el amor te hace dócil, amable, desprendido y te encamina en la verdadera vida del cristiano.  Una vida en la que todas nuestras acciones llevan la marca y sello de Dios.  Dejar de pensar en nosotros mismos y ser bendición para los demás. Entonces Dios comenzará a manifestarse en tu vida y en tus obras.  Nada de esto es inmediato, es el proceso de toda una vida.

Si cuando miras a tu lado, notas que nada es como debería ser y sientes un impulso incontrolable de cambiarlo… Si al mismo tiempo estás tratando de encontrar cuál es el propósito de Dios en tu vida… No tengas miedo. Recuerda que es el amor el don principal, sobre todos los demás.  Como todo don, hay que aprender a conocerlo y hacerlo crecer.  Como los discípulos, vivir la experiencia de poco a poco.  No salimos gritando a cambiar el mundo sin antes habernos conocido a plenitud, sin haber reconocido la acción de Dios en nuestra vida.  Eso no quiere decir “no hacer nada” hasta entonces.  Significa comenzar a hacer pequeñas cosas e ir experimentando el reto, el dolor, la alegría, la satisfacción y sobre todo la presencia de Dios vivo en cada obra.  Comienza con lo poco, ya reconocerás la presencia de a través de su Providencia y consuelo.

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